El Comercio Justo es una iniciativa que intenta mejorar las condiciones de agricultores y trabajadores de países subdesarrollados.[1]
Históricamente, se pueden diferenciar dos generaciones de Comercio Justo. Durante la primera, organizaciones no lucrativas vendían directamente en comercios los productos que adquirían de productores asociados a la iniciativa. En estas tiendas, se explicaba al consumidor tanto el origen del producto como el porqué de su elevado precio, generalmente un 20% más caro que el precio del producto en el mercado tradicional. Parte de la ganancia (10%) retornaba al productor y el resto se invertía en la realización de campañas pro Comercio Justo. La segunda generación de Comercio Justo supone la entrada de empresas con fines lucrativos en el proceso a través de las Certificaciones Internacionales de Comercio Justo. Los productos que tienen esta etiqueta son considerados productos de Comercio Justo.
El actual Comercio Justo ha logrado crear oportunidades para productores a pequeña escala, que ahora pueden exportar sus productos en buenas condiciones y sin ser discriminados por ninguna razón. Además, estos están obteniendo mejores salarios, con los que pueden acceder a servicios de primera necesidad seguramente imposibles con anterioridad (electricidad, ambulancias…). Todo esto aparentemente implica una mejor distribución de la riqueza y el reconocimiento de los derechos sociales de los productores.
Sin embargo, el sistema de Comercio Justo tiene algunos defectos. Por ejemplo, la mayoría de estos productos son adquiridos en regiones concretas; y lo que es más importante: se está advirtiendo un mal uso de las Certificaciones Internacionales de Comercio Justo por el que la ganancia no vuelve al productor y las empresas están obteniendo un sobre beneficio.
En conclusión, como ha sido demostrado, el Comercio Justo esta ayudando a los países desarrollados a mejorar PERO el enriquecimiento injusto de las empresas debe ser regulado.[2]
En este contexto, ¿Cuál es la posición de la OMC? La Organización guarda silencio sobre los propósitos del Comercio Justo y, como ha sido señalado, son entes de carácter civil[3] los que se están ocupando de dirigir proyectos de Comercio Justo. Además de todo esto, la OMC constriñe el derecho de alcanzar acuerdos regionales a través de estrictos principios que promulgan que aquellos no pueden suponer una “desviación del comercio” y que las obligaciones que encierren deben ser tan estrictas como lo son las obligaciones de la OMC. Esto supone un gran problema para el Comercio Justo porque crear oportunidades para los productores a pequeña escala significa discriminación positiva y flexibilidad en los acuerdos de acuerdo con patrones de conducta basados en la solidaridad. Sin embargo, la OMC parece estar solo preocupada del comercio entendiéndolo como un fin en sí mismo.
[2] The economist, ‘Voting with your trolley: can you really change the world just by buying certain foods?’(2006) 8507 (381) THE ECONOMIST 73
No comments:
Post a Comment